Realidad, terca realidad. Nada más inútil que rebelarse en su contra. Eso no quiere decir que uno deba rendirse ante la injusticia y claudicar cobardemente ante la adversidad. Nada más falso. En ocasiones, entender la realidad significa NO claudicar en las más adversas condiciones, al no haber mejor alternativa. Esa era la situación de Inglaterra en 1940, cuando habiendo sido derrotada militarmente por los Nazis en Francia se negó a rendirse y retó a que Hitler la invada, cosa que no se atrevió a realizar, ganando finalmente la contienda cinco años después.
En aquella ocasión, Churchill y el pueblo británico comprendieron que la conciliación con Hitler era suicida y que responder a las sugerencias de paz implicaban someterse voluntariamente y sin retorno a la esclavitud. La realidad entonces ordenaba resistir, al precio de la vida misma.
¿Qué nos dice la realidad hoy?
En el mundo, muchas cosas. La caída dramática de las tasas de natalidad, apuntan a un colapso civilizacional. En unas pocas décadas en el mundo será sólo de ancianos. Es en China y en el Asia Oriental donde este fenómeno es más dramático. Es como una pared de concreto hacia la cual nos dirigimos a toda velocidad, ya sabemos que ocurre cuando uno se estrella a gran velocidad contra un muro de esas características. Al Perú ya lo alcanzó este proceso.
Este problema no se soluciona con incentivos económicos, la visión materialista del mundo conduce a ese error. Las tasas de natalidad sólo crecerán de nuevo si la maternidad vuelve tener prestigio social, que el feminismo se encargó de destruir o al menos relativizar. Por décadas, las familias en circunstancias más austeras y también inciertas, tenían hijos, ahora con recursos inagotables, no los tienen.
Europa compensa su alergia a los niños con inmigrantes islámicos, mucho de los cuáles ven con desdén, la moral liberal del continente que los cobija. El Caballo de Troya ya cruzó las puertas de la ciudad.
El declive del cristianismo, uno de los cimientos de la civilización occidental, deja un hueco. El poder aborrece el vacío, por lo que el espacio que ocupaba el catolicismo como religión organizada alguien o algo lo llenará. Ese algo es el Estado. Menos religión entonces no resultará en más libertad sino en un poder cada vez más omnímodo para los burócratas.
Solo hay dos sexos, y no son intercambiables. Centenares de miles de jóvenes han visto sus vidas arruinadas por la creencia contraria y muchos más sufrirán lo mismo. Superada la adolescencia y convertidos en adultos verán que les permitieron convertirse en unos entes sin propósito y que sus vidas están destruidas.
El marxismo, en su construcción original identificaba una categoría de oprimidos, el proletariado, o sea los obreros, y unos opresores, la burguesía y la aristocracia. Ahora, como los proletarios si no son ricos, tampoco es que sean pobres, en absoluto, ha inventado una lista inacabable de nuevos sub tipos de oprimidos en función primero del sexo, raza, “género”, país de origen. Gerentes y empresarios confundidos que quieran aplacar a estos neo marxistas saldrán mal parados. Van por lo mismo, el poder, todo el poder y ya están comprando las sogas para colgar a los opresores, confundidos y no confundidos, de novísimos patíbulos.
Brasil de Lula sueña con tener al Perú de vasallo. Me recuerda ese viejo sarcasmo gringo que “Brasil es el país del futuro”. No podrán, pero no debemos ignorar ese apetito, que explica mucho de nuestra política interna actual.
Finalmente, nuestras elecciones y las maniobras bajas para guiar y distorsionar la voluntad popular. La realidad es que la izquierda debe ser derrotada políticamente y desconocer los resultados de la primera vuelta no serviría de nada. Eufemísticamente hablando, hubieron “irregularidades”, pero el que quiere llegar a Palacio, tiene que saber vencerlas. En las elecciones no hay medallitas de fair play, hay ganadores, punto (a mi esta vez me tocó estar con los perdedores, pero así es la nuez). También es real que Rafael López-Aliaga cometió todos los despropósitos posibles, empezando por complotar para bajarse a José Jerí y, en un auténtico nadie sabe para quien trabaja, traer de vuelta a Perú Libre a Palacio de Gobierno.
Todas estas son circunstancias que no podemos desconocer. A partir de aceptar su realidad podremos revertir las consecuencias, como hizo Churchill en 1940. Pero se empieza pisando tierra. Ojalá lo hagamos pues esta todo en juego.
