OpiniónDomingo, 11 de febrero de 2024
Los tractores contra los abusos de la Comisión Europea, por Adolfo Álvaro
Adolfo Álvaro Martín
Consultor Político

La revuelta del sector agrícola y ganadero europeo contra los abusos de la Comisión Europea, reconocida por las marchas de tractores por carreteras y ciudades de España, Francia, Alemania, Holanda o Bélgica, ha puesto en un brete a los burócratas de la Unión Europea y su sumisión a los lobbies que campan por la sede de Bruselas.

No nos encontramos ante la presión de grandes terratenientes o corporaciones, como cierta propaganda proveniente de los terminales mediáticos subvencionados por Bruselas ha pregonado, ni tampoco ante peligrosos fascistas y agentes de Putin (en la contradicción se desenmascara la propaganda).

Nos encontramos ante propietarios de pequeñas explotaciones agrarias, que han tenido que soportar normativas absurdas que aumentaban burocracia e impuestos, provocando en la última década el abandono de la actividad del sector primario por miles de ellos ante la imposibilidad de encontrar una forma de vida para sus familias.

¿Cuál ha sido el detonante de estas protestas? Según Ursula Von Der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea, los problemas de la agricultura europea tienen su causa en la sequía y el gobierno de Rusia. La realidad, en cambio, como exponen los manifestantes, se encuentra en los elevados costes energéticos (consecuencia de las políticas de la Unión Europea en estos dos años), una normativa administrativa europea que, de aplicarse, significará el fin para miles de pequeñas explotaciones y, sobre todo, la competencia desleal fomentada por Bruselas de terceros países, como Marruecos, Egipto o Turquía, que les permite inundar Europa con sus productos agrícolas, con aranceles minúsculos o inexistentes, costes de producción muy inferiores a los europeos y producidos sin garantías sanitarias.

Sirva como ejemplo al lector que, un producto tan español como el aceite de oliva, ahora se vende en España a un precio dos o tres veces superior al de hace un año, a la vez que mucho del aceite que se vende en este país ya tiene su origen en Marruecos.

Las llamadas al apaciguamiento que gobiernos europeos y la Comisión Europea están realizando en estas fechas antes de la movilización del campo, más parecen buscar una tregua ante las elecciones al Parlamento Europeo de este año, para frenar el avance en todos los países de formaciones que se oponen de forma abierta a estas políticas e, incluso, abogan por salir de la Unión Europea tal y como está concebida ahora.

Lo que sí parece evidente es que cada vez con más fuerza, la burocracia de Bruselas parece estar sometida a los lobbies globalistas, sin importarle el coste que para los ciudadanos europeos suponen estas políticas.

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