“El mundo ha cambiado... lo siento en la Tierra... lo siento en el agua... lo huelo en el aire… Mucho se perdió entonces…”, dijo Galadriel al inicio de la saga cinematográfica del Señor de los Anillos de Peter Jackson.
Estas palabras resuenan en la actualidad. Nuestro mundo ha cambiado por la pandemia del covid-19, las recientes guerras, los desastres naturales, la proliferación de ideologías, entre otras cosas que nos producen una gran incertidumbre sobre el futuro y ansiedad.
El autor Mark Sayers, en su libro A Non-Anxious Presence, se refiere a estas situaciones de cambios complicados como “zonas grises”. Estas son un puente entre una era antigua y una nueva que está en formación.
Lo que caracteriza a esas “zonas grises” es una gran sensación de confusión en medio de los cambios rápidos. Por ello, Sayers sugiere “entender dónde estamos y qué está pasando” y que esos contextos que pueden hasta ser “muy duros” son un momento crucial donde puede surgir una “presencia no ansiosa”, es decir, una persona líder que es capaz de desarrollar un pensamiento crítico y mantenerse serena para saber cómo enfrentar las circunstancias adversas y confusas.
Podríamos usar el principio de las “zonas grises” cargadas de confusión y ansiedad y cómo las “presencias no ansiosas” para analizar el comportamiento de los peruanos ante las crisis políticas
Desde el año 2020, hemos atravesado muchas crisis, en la que ha salido a relucir cómo la mayoría de los peruanos sucumbe ante la ansiedad y la confusión, al punto que el juicio colectivo se nubla y se convierte en una masa manipulable para beneficio de ciertos políticos.
Quienes lograban entender dónde estaban y qué estaba pasando, eran censurados y hasta insultados. Pero, muchos permanecieron como esa “presencia no ansiosa” y el desarrollo de los acontecimientos les dio la razón ante quienes los condenaron.
Sin embargo, el ciclo se vuelve a repetir. Por ejemplo, durante las elecciones presidenciales, en las que la gente se dejó llevar por un sentimiento e ideas introducidas por “otros” y su voto condujo a una de las épocas más duras y oscuras del país. Incluso en esos momentos, la gente seguía creyendo en las mentiras que azuzaban el resentimiento social y que propagaban una ideología que ya había puesto en peligro al país entre las décadas de los 80’ y 90’.
Tuvieron que trabajar duro y mantenerse firmes para volver a alzar su voz esas “presencias no ansiosas” con el fin de que el pueblo entendiera qué estaba pasando. Muchos despertaron y “salieron” de esa “zona gris” cuando todo parecía perdido, tras el golpe de Pedro Castillo.
Gracias a esas “presencias no ansiosas” que supieron actuar, el país se libró de ese “mal”, aunque desafortunadamente, hay otros males que siguen rondando y la gente los tolera y cree en las mentiras que se elaboran para protegerlos.
Siempre nos preguntamos qué habría que hacer para que los peruanos se conviertan en esas “presencias no ansiosas” que propone Sayers.
Quizás deba mejorar la educación, la clase política o los valores cívicos. Solo esperamos que no ocurra una crisis más seria en la que ya sea muy tarde para reaccionar.