Frente a la vorágine de acontecimientos y la forma peculiar de analizarlos que encontramos en la gran prensa, conviene detenernos y escudriñar la escena mundial, analizando el impacto de la tormenta de medidas que viene adoptando Trump desde que asumió la presidencia de Estados Unidos.
Sobre ese particular encontré una interesante entrevista de George Friedman (https://www.youtube.com/watch?v=s-okIcAADYE), inteligente analista y uno de los más importantes estudiosos de la geopolítica, con fuertes vinculaciones en los círculos de poder de Washington. Varias cosas interesantes que resaltar (ojo que Friedman asevera no ser partidario o votante de Trump):
Lo primero es que compara, insistentemente, el momento actual con los primeros cien días del gobierno de Roosevelt en 1933, cuando este intervino el sistema bancario, de forma ilegal, pero indispensable para frenar la crisis. El razonamiento político es qué, actuando de esa manera, antes que el Congreso le corte las alas y los jueces intervengan de manera efectiva, surgen nuevas realidades en el terreno. Es una corta ventana para la actuación unilateral.
Indica que en su momento Roosevelt fue criticado con ferocidad, sus detractores lo acusaban de dictador, pero, si hubiese actuado por los canales regulares, la crisis bancaria que estaba llevando a los EE.UU. a la ruina, hubiera continuado. Con el tiempo los jueces cortaron muchos aspectos de sus actuaciones unilaterales y su pretensión de copar la Corte Suprema (hostil a los demócratas en esa época) fracaso estrepitosamente, pero, logró sus grandes objetivos.
Lo segundo, derivado de lo anterior, es que la situación internacional es insostenible y absurda. Europa es un continente, una designación geográfica, pero no es un país que actúe de manera unificada, influyendo en los acontecimientos en una única dirección. No puede realizar arreglos geopolíticos y carece de capacidad militar. Esto la margina.
Respecto del tema inmediato, la guerra en Ucrania, las conversaciones en Arabia Saudita y la reaproximación con Rusia, el pensamiento de Friedman es algo más sutil. Aquí Ucrania es sólo uno de temas en juego, ciertamente no el más importante.
En primer lugar, Ucrania es el campo de batalla, el escenario, el teatro de operaciones. Pero el conflicto es otro, es con EE.UU., la larga lucha por esferas de poder e influencia en la que Rusia está fracasando espectacularmente. El hecho concreto es que el ejército ruso no ha podido someter a un país mucho más pequeño, incurriendo en enormes costos humanos y económicos.
Que las conversaciones se desarrollen en Arabia Saudita apunta a que también está en agenda la situación general del Medio Oriente y el deseo de poner fin definitivo a las guerras interminables entre Israel y sus vecinos.
De otro lado, también se desea alejar a Rusia de China y que la primera no caiga en los brazos de la segunda. También se desea evitar humillaciones innecesarias a Rusia, que ya ha recibido una sonora bofetada a manos de soldados ucranianos. Profundizar la herida no conduciría a nada provechoso y traer a Rusia de vuelta al sistema internacional, sí.
Friedman también señala que China es mucho más débil de lo que aparenta, describiendo a su marina de guerra como una broma (o palabra parecida). Indica que a pesar de toda la retórica emanando de Pekín, la idea de una expedición anfibia para invadir Taiwán, que requería de muchas horas de travesía marítima es disparatada. EE.UU. tendría tiempo de sobra desde Guam para destruirla, mientras aún está en camino.
En buena cuenta, según Friedman, Trump quiere aprovechar la situación para reacomodar todo el tablero internacional, en términos favorables a EE.UU. y que lo que está haciendo tiene todo el sentido del mundo.
Respecto de temas como sus declaraciones sobre Canadá, señalando que debería ser el Estado 51, indica que son puro teatro y distractores, para que se pierda de vista las cosas que efectivamente concentran su atención.
En todo caso, y dejando de lado a Friedman, el problema con los detractores de Trump, especialmente los europeos, es que no ofrecen una alternativa viable. El belicismo ucraniano es natural, han sido invadidos y conocen de cerca la brutalidad rusa y soviética. Pero el de Francia o Alemania ignora una realidad fundamental: sus poblaciones no desean sufragar el costo humano y económico de una guerra. Todos lo saben, por lo que están una pésima posición para adoptar posturas belicistas, que nadie, además, tomará en serio.