La noticia de la semana, en el ámbito internacional, fue, sin duda, la confrontación entre el Zelensky con Trump y su vicepresidente JD Vance, ocurrida el viernes en la Oficina Oval, despacho del presidente de Estados Unidos, frente de toda la prensa, siendo transmitida en vivo y en tiempo real a todo el mundo. Que se produzcan duros enfrentamientos entre jefes de Estado no tiene nada de raro, lo insólito y sin precedentes es el carácter público de la confrontación.
Si se tratase de una verdadera conferencia internacional o de la Asamblea General de la ONU, la cosa sería distinta. Más de un memorioso recordará alguna cita iberoamericana donde el Rey Juan Carlos de España, harto de la verborrea de Hugo Chávez, le espetó un sonoro “¡por qué no te cayas!” que, por lo sorpresivo, tuvo el efecto inmediato deseado.
Pero acá la cosa es distinta, preocupando sus posibles derivaciones, malas para todos los involucrados. Conviene detenernos y analizar lo ocurrido, con la mayor objetividad posible.
Primero: Es indispensable reconocer la heroicidad del pueblo ucraniano que enfrenta un enemigo que busca eliminar su soberanía y convertirlos en vasallos. En este contexto Zelensky simboliza la voluntad de lucha de su pueblo, siendo merecedor del mayor respeto.
Segundo: Nadie esperaba la eficaz y exitosa resistencia ucraniana ni la mediocridad del accionar bélico ruso. La brutalidad de los últimos no sorprende, a la luz de su desempeño reciente en Siria y más lejano en Chechenia y Afganistán.
Tercero: Para resistir el ataque del oso ruso, Ucrania ha contado con el generoso apoyo de Estados Unidos y en menor medida de los países europeos, tanto en dinero como en material. El problema para Ucrania es que este apoyo vino con importantes limitaciones. En corto, EE.UU. y sus aún aliados europeos dieron las suficientes armas y dinero para que Rusia fracase, pero nunca lo suficiente para derrotarla decisivamente.
Cuarto: Es decir para Biden y los gobiernos europeos, la guerra en Ucrania era un método para el paulatino desgaste ruso. Estos además compraron la propaganda rusa en contra del “escalamiento” del conflicto, entendiéndose como escalamiento la capacidad de Ucrania de atacar blancos sensibles lejos de la zona de combate.
Quinto: Aunque Putin, aparentemente, no imaginó que Ucrania recibiría el respaldo que recibió, apostó que tarde o temprano europeos y estadounidense se cansarían de la guerra y la dejarían a su suerte. En su cálculo, Rusia se autosostendría en la guerra, cosa imposible para Ucrania.
Sexto: La capacidad rusa de autosostenerse en el conflicto no es del todo veraz. El hecho concreto es que han recurrido a tropas norcoreanas y al suministro de drones y otros equipos de China, Corea del Norte e Irán. Pero no existe un solo indicio de resquebrajamientos internos de Putin y sus aliados.
Sétimo: Una de las consecuencias de la guerra en Ucrania ha sido que se consolide el acercamiento entre Moscú y Pekín. Esto es lo que más preocupa a Trump y no le falta razón. Cualquier estudioso de la geopolítica indicará el grave peligro hegemónico que implica un eje solido entre China y Rusia, controlando la mayor parte de la masa euroasiática y recursos clave para la economía mundial y para los esfuerzos bélicos. Trump considera que la guerra en Ucrania es un peligroso distractor y que es un interés imperativo de EE.UU. que Moscú y Pekín se distancien.
Octavo: Un aspecto olvidado de esta crisis es que en su primer gobierno Trump provisionó a Ucrania de armas, elevó la producción de hidrocarburos (presionando a la baja el precio del petróleo ruso) y fustigó a los países europeos por depender energéticamente de Rusia, señalando lo imprudente de esta política. Desde el punto de vista de Trump, si Ucrania pudo resistir, fue en medida importante por lo que él hizo durante su primer mandato.
Noveno: A pesar de su anterior apoyo a Kiev, Trump tiene al interior de su partido un extenso sector aislacionista, que es parte importante de la coalición que lo llevó al poder. De igual manera, les molesta la íntima identificación entre Zelensky y Biden. Para un amplio sector de la base del Partido Republicano, todo lo que lleve el sello de Joe es inaceptable. A esto se suma alguna indiscreción pro-demócrata de Zelensky durante la campaña electoral y las antiguas acusaciones de tráfico de influencias vinculando al hijo problema de Biden, Hunter, con la empresa de energía ucraniana Burisma. Esto hace que Ucrania sea un tema tóxico para una parte importante de las bases republicanas.
Décimo: Es en este contexto que Trump concentra toda su energía en lograr un acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania. Trump realiza declaraciones altisonantes, fieles a su estilo, que sus detractores usaron para afirmar que estaría entregado a Moscú.
Undécimo: Es aquí donde pienso yo que falló Zelensky. Se convirtió (o permitió que lo conviertan) en el “obstáculo” para la paz, en vez de dejar que ese rol lo cumpliese Putin. Trump propuso un acuerdo en virtud del cual Ucrania pagaría la ayuda recibida de Washington facilitando el acceso a sus tierras raras (se le llama tierras raras a un conjunto de metales escasos muy importantes para la fabricación de baterías y otros elementos importantes en la informática y defensa). Este acuerdo incluía concesiones duras, pero implicaba a EE.UU. profundamente en la economía ucraniana, un disuasor indirecto de futuras agresiones moscovitas. Pareciera que esto era demasiado sutil a los ojos de Zelensky.
Duodécimo: En cualquier caso, no se entiende porqué Zelensky aceptó ir a Washington, o incluso, pidió ir a Washington, si no era para firmar el acuerdo que estaba sobre la mesa y que, cuyos términos, según se informa, sus emisarios ya habían aceptado. Quizá le aconsejaron que podía presionar a Trump y extraer las concesiones que deseaba.
Décimo Tercero: Pero el error fundamental de Zelensky es no comprender la motivación de Trump: lograr una detente, un acercamiento con Moscú y un enfriamiento de las tensiones con Rusia. En cuanto a las formas, delante de la prensa debió mantenerse en silencio, diciendo generalidades y que Ucrania nunca sería un obstáculo para la paz.
Décimo Cuarto: El problema para Trump es que lo ocurrido lo aleja de su objetivo estratégico: lograr un nuevo alineamiento que lo acerqué a Moscú y que promueva el distanciamiento entre China y Rusia.
Décimo Quinto: Parte del problema es que Zelensky es alentado por la prensa anti Trump, los operadores políticos de Obama-Biden y los gobiernos europeos. Estos últimos, por mucho ruido que hagan, en el corto plazo al menos, no serán un factor militar. Sus poblaciones carecerían de espíritu militar y no es posible elevar el gasto en defensa, a los niveles requeridos, sin reducir radicalmente el Estado de Bienestar.
Décimo Sexto: Existen por lo tanto una serie de factores que podrían reconducir a buen puerto las cosas entre Washington y Kiev. Kiev necesita de Washington y Washington sabe que Moscú no se alejará de Pekín tan fácil, al menos no después del fiasco del viernes en la Casa Blanca.