El viernes 7 de marzo recordamos con indignación que hace 28 años se publicó una de las portadas más infames del periodismo peruano escritas en el pasquín llamado La República. Pero además el contenido traicionero de la frase “El túnel sí existe”, revelaba una supuesta complicidad no declarada del medio con los terroristas del MRTA, quienes el 17 de diciembre de 1996 bajo el mando del cabecilla terrorista Nestor Cerpa Cartolino y otros 14 delincuentes, irrumpieron en la residencia del Embajador Japonés y secuestraron a más de 800 de personas que participaban de una reunión por el 63 aniversario del nacimiento del emperador Akihito.
La imagen de un país viable para las inversiones que el presidente Fujimori se había encargado de poner en el plano internacional con el bien ganado prestigio de la captura del terrorista Abimael Guzman Reinoso a manos del GEIN-DIRCOTE-PNP, se vino por los suelos con este hecho criminal del MRTA, poniendo en cuestión la seguridad no solo en el Perú, sino en la región sudamericana. Como es obvio, los países empezaron a mirar con recelo la posibilidad que el Perú sea un país viable con semejante problema terrorista en su territorio.
Como ha sido de público conocimiento, el “buenismo” de Cerpa y su pandilla se dio especialmente en dejar en libertad a todos sus primos ideológicos de izquierda e “intelectuales” progresistas o caviares como Francisco Sagasti y Toledo, entre otros, a diplomáticos europeos con la finalidad que ayuden en las negociaciones que habían planeado, incluso la madre del presidente Fujimori que pasó desapercibida por los delincuentes, quedando en cautiverio 72 rehenes durante 126 días.
Pese al problemón generado por los “martacos”, se empezaron a tejer diversas estrategias para someter a los terroristas y liberar a los rehenes que quedaron. La Policía Nacional así como las FFAA con el apoyo de diversas agencias de inteligencia del mundo, como de EEUU, Canadá, Inglaterra, Japón y otros, proporcionaron una serie de metodologías e instrumentos para el análisis de los restos recogidos de la embajada tomada y tener mayores luces sobre las posibilidades de introducir micrófonos al interior. En una primera etapa esta labor de inteligencia la tuvo un equipo especial de DIRCOTE usando crucifijos, guitarras y otros.
Sin embargo, el gobierno de Alberto Fujimori había sido convencido de una salida militar, de una intrusión, que si bien es arriesgada, tal vez era la única salida ante la intransigencia de los terroristas, y por eso planearon la construcción de un sistema de túneles para poderlos atacar con sorpresa y con un menor costo social. El plan iba viento en popa, incluso para reducir algún ruido producido por las excavaciones, se pusieron parlantes con música y mensajes como parte de las operaciones psicológicas.
Grande y desagradable fue la sorpresa cuando el día 8 de marzo de 1997 apareció esta infausta portada de La República anunciando con bombos y platillos, poniendo en alerta y confirmando al enemigo terrorista, que pronto serían atacados por los túneles que se estaban construyendo, siendo una de las más grandes traiciones a los rehenes, al pueblo peruano y por qué no decirlo, a todos quienes sufren el embate terrorista en el mundo. El Perú jamás olvidará la traición del pasquín La República y de sus repudiables dirigentes. Claro que hubiera sido diferente, hubieran guardado silencio, si Sagasti y sus primos ideológicos hubieran tenido la valentía de quedarse con todos los rehenes, pero fueron presa de su propia cobardía que los llevó a sonreírles nerviosamente a los terroristas y hasta pedirles una “constancia de secuestrado”.
Algún día la historia y el pueblo peruano verá fenecer este pasquín mísero y criminal de La República por esta alta traición a los peruanos, algún día terminarán en los excusados de la historia. Honor y Gloria a nuestros hermanos de Chavin de Huantar que a pesar de haber sido delatados por La República, que aumentó el riesgo, hicieron el encargo que el país les dio, defender la vida de los secuestrados y salvar al país de este flagelo llamado MRTA.