Nuestros parientes más cercanos con quienes el Homo sapiens comparte casi el 99 % de los genes, son los chimpancés (Pan troglodytes) y los bonobos (Pan paniscus), modelos contrastantes de comportamiento social, inteligencia y organización grupal. El estudio de estos primates permite comprender la naturaleza humana, entre chimpancés, percibidos como agresivos, jerárquicos y dominados por la lucha por el poder; y los bonobos, alternativa más pacífica, matriarcal, basados en la cooperación. Entre estas dos especies se encuentra el ser humano, cuya historia evolutiva presenta tanto competencias violentas como la necesidad de alianzas y estrategias colectivas.
Un importante descubrimiento en la etología primate fue que los chimpancés utilizan herramientas. Los estudios de Jane Goodall en los años 70’s comprobaron que fabrican utensilios para extraer termitas, enseñanza transmitida de madre a hijo, demostrando una cultura rudimentaria pero real.
Los bonobos muestran una inteligencia social excepcional con capacidad para resolver conflictos mediante interacciones sociales, en particular contacto físico y sexual, estrategia evolutiva para reducir tensiones grupales. A diferencia de los chimpancés, cuya jerarquía se impone con violencia, los bonobos establecen límites de liderazgo flexibles, con una cultura matriarcal influenciada por las hembras adultas.
Antes de los estudios de Goodall, se idealizaba a los chimpancés como criaturas pacíficas, pero sus observaciones en el Parque Nacional Gombe en Tanzania cambiaron la percepción. Ella documentó la "guerra de los cuatro años", conflicto entre dos grupos de chimpancés que llevó al exterminio de una de las facciones. Ataques coordinados mostraron niveles de brutalidad que antes se creían exclusivos del ser humano, revelando que los chimpancés pueden ser estrategas, agresivos y vengativos, desafiando que la violencia es una invención cultural humana.
En contraste, no se ha documentado eventos similares entre bonobos quienes desarrollan sociedades basadas en la cooperación social e intercambio de recursos. Estas diferencias reflejan dualidades de la naturaleza humana: capacidad para la guerra y la destrucción, pero también la posibilidad de construir sociedades armoniosas.
The Goodness Paradox (2019) de Richard Wrangham, experto en primatología, biología evolutiva, genética y antropología, aborda esta contradicción en la naturaleza humana: somos una de las especies más pacíficas en nuestra convivencia cotidiana, pero capaces de cometer actos de violencia extrema premeditada, paradoja explicada como proceso de “autodomesticación”. Distingue entre “agresión reactiva” impulsiva y emocional ante provocaciones; y “agresión proactiva” planificada y calculada como estrategia de dominación. Los humanos evolucionaron hacia una menor agresión reactiva gracias a la selección social, manteniendo o incluso potenciando la agresión proactiva que desencadena conflictos organizados, terrorismo, guerras o violencia estratégica.
En un mundo marcado por la crisis, conflictos geopolíticos y fragmentación social, la humanidad necesita reevaluar su futuro. Los chimpancés nos recuerdan el peligro de la división, agresión desmedida y la constante lucha por el poder, reflejando sucesos en sociedades humanas donde la competencia extrema genera inestabilidad y violencia. Por el contrario, los bonobos muestran un modelo basado en la colaboración y la empatía.
La historia de nuestros predecesores humanos evidencia que la evolución no sigue un solo camino. Los chimpancés optaron por la agresión jerárquica, mientras los bonobos desarrollaron un modelo de cooperación. La humanidad, entre dos extremos, tiene la capacidad de elegir qué principios guiarán nuestro futuro. No se trata de negar la existencia de la violencia, sino de preguntarnos qué mecanismos queremos fortalecer para manejarla constructivamente. En última instancia, los humanos poseemos la capacidad de decidir cómo organizar nuestras sociedades. ¿Seremos capaces de reducir la violencia o los conflictos globales nos arrastrarán hacia la competencia extrema y la destrucción?