Acaba de concluir, casi al caballazo, la primera parte de esta opereta bufa denominada “primera vuelta”. Todo un mamarracho de “proceso electoral” chicha “organizado” —si cabe la palabra— por la ONPE y avalado por el JNE, en donde hemos sido testigos de las más grandes “irregularidades” —por utilizar el término empleado por la ONPE— nunca vistas jamás.
Pero más que irregularidades, se ha tratado de claras violaciones del derecho fundamental al sufragio de más de un millón de ciudadanos peruanos en Lima, violándose descaradamente, entre otros, el artículo 31 de la Constitución y diversas normas electorales que no permiten hacer lo que hizo la ONPE aquél nefasto domingo 12 de abril: establecer el día siguiente lunes 13 para la continuación del proceso chicha; prorrogar la hora de cierre de mesas para las 2 p.m., etc.
A ello debe agregarse la comisión de diversos delitos contra la voluntad popular establecidos en el Código Penal y todos los increíbles y escandalosos hechos de los que fuimos testigos a medida que pasaban los días: ánforas encontradas en un basurero, transporte de material electoral tardío adrede por una cuestionada empresa de transportes, actas fraguadas y adulteradas, el más que curioso caso de las mesas 900’000, conteo sin fiscalización, control, ni auditoría técnica alguna, etc.
Pese a todo ello, la ONPE, tomándose en cuenta que su presidente luego de varios días había renunciado —¡luego que el propio JNE denunciara al presidente de la ONPE! ¡increíble!— y administrativamente era una institución acéfala —con un improvisado nuevo presidente interino— en donde el caos imperaba, ante un JNE que desde el principio se lavó las manos y le tiró la pelota a la ONPE por todo el desastre causado ese fatídico domingo 12 de abril, con todo ello, el pasado domingo 17 de mayo, medio a escondidas casi, el JNE anunció los “resultados” de la primera vuelta y a los dos candidatos que pasaban a la siguiente fase o balotaje, —uno de ellos favorecido obviamente por la misma institución— lo cual significaba que la bochornosa farsa electoral continua. Se prefirió el cumplimiento del cronograma y plazos establecidos —otras formalidades no se tomaron en cuenta—, a respetarse los justos reclamos, impugnaciones y los derechos fundamentales de cientos de miles de peruanos, así como el respeto a la transparencia y limpieza de un proceso electoral como debe ser. La chapuza y la criollada direccionada para favorecer a un candidato comunista específico se impuso, tal como sucediera en el también “proceso electoral” chicha del 2021.
Pregunto ¿A quiénes se quiere engañar? No solo el Perú sino todo el mundo entero ha sido testigo del papelón soberano de la ONPE y del JNE por el mamarrachento “proceso electoral” celebrado ese domingo 12, pese a que los “observadores” de la UE y los de la OEA, por no mencionar a Transparencia —que de “transparente” no tiene nada— declararon que todo estuvo muy bien y que el retraso en la distribución de material fue solo un mero percance, esto es, una “irregularidad” sin importancia. Obviamente dicha declaración ocurrió luego de una gran cena con caballos de paso, música, comida, trago y todo lo demás, con que el JNE “homenajeó” —¿compró?— a los observadores días antes de las elecciones, para que al final declararan lo que declararon, lo cual demostró —una vez más— que estos “observadores” están más ciegos que cruce de topo con murciélago. Habría que obsequiarles un buen perro guía y un bastón a cada uno.
A dos semanas del balotaje o segunda vuelta, la farsa continúa. Pese a que la ONPE y el JNE han afectado tremendamente con su conducta la confianza en el sistema electoral, pues ya nadie o muy pocos creen en la limpieza y transparencia del “sistema”; pese a la descarada impunidad existente ante las graves denuncias por las escandalosas violaciones de la ley electoral por parte de la ONPE y del mismo JNE, cuyos cuestionados funcionarios —salvo Corvetto— son los mismos que están “organizando” la segunda vuelta. ¿Alguien en su sano juicio encargaría un proceso electoral en segunda vuelta tan delicado, en donde la limpieza y transparencia es fundamental, a los mismos funcionarios que cometieron – aceptaron mil y una ilegalidades para favorecer a un candidato comunista? Obviamente que no, pero en el Perú todo es posible. ¿En qué quedó la investigación a la empresa Servicios Generales Galaga S.A.C. y su curioso contrato de transporte del material electoral? ¿Y la bochornosa manipulación del sistema informático “donado” por alguien, así como la solicitud de un peritaje informático? ¿Y las mil y una incongruencias en el recuento de los votos y tantas “irregularidades” más que quedarán en el silencio y el olvido, tan típico de nuestro país?
Es curioso, por decir lo menos, como en estos días previos a la segunda vuelta, puede observarse al candidato comunista Sánchez declarando y expresándose a diario ya prácticamente como “presidente electo”, presentando a su futuro gabinete y ministros ante las cámaras de TV y periodistas con total desparpajo y los medios que lo apoyan, replican esto como si se preparara mentalmente a los electores a un resultado inevitable. Se presenta y entrevistan a sus futuros ministros como si se tratase de un hecho ya consumado, preparando a la opinión pública a lo irremediable e inevitable: el “triunfo” de Sánchez. Todo lo cual demuestra que estamos ante una mafiosa organización totalmente coordinada y que con total descaro e impunidad hace lo que está haciendo y cuyo único objetivo es: la imposición del comunista Sánchez, tal como impusieron a Castillo en el 2021 y su plancha nula de pleno derecho —incluyendo a Boluarte que aún trabajaba en la RENIEC— ante lo cual el JNE guardó un bochornoso silencio avalando el “triunfo” fraudulento de Castillo.
Todo lo anteriormente señalado hace que muchísimos demócratas pudiésemos exclamar indignados, tal como lo hiciera hace pocos días el candidato burlado López Aliaga: «Para qué diablos vamos a votar si la ONPE y el JNE deciden quien gobierna en el Perú». Sin embargo, considero que, pese a toda esta farsa largamente premeditada, sí tenemos que ir a votar, porque es nuestro derecho y también una obligación para con nuestra patria. Personalmente votaré por un demócrata que defienda el Estado de Derecho y la democracia, y no por una persona de extrema izquierda que apoya al golpista Castillo y que viene acompañado de todo un ramillete de cuestionados personajes cargados de odio, resentimiento y violencia que no le haría nada bien a nuestro país. De odio y violencia ya tuvimos bastante en los 80’s y 90’s. A ello debemos agregar la clara propuesta de una fracasada agenda chavista y comunista en donde se impondría un claro estatismo, una mil veces fracasada economía intervencionista socialista, que empobrecería más a nuestro país. No quiero a mi Perú convertido en una Venezuela, Cuba, Bolivia o Nicaragua. En fin, con todos estos hechos precedentes, vayamos a votar, pese a que… la farsa continua.
Etiquetas: 2026, Elecciones, JNE, ONPE, Perú, Política, Rafael López Aliaga Last modified: 26 de mayo de 2026
