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Tacna, cien años después: de la fidelidad a la prosperidad, por Raúl Injoque

En el año 2029 celebraremos un aniversario histórico: los cien años del retorno de Tacna al Perú. Desde hace ocho años participo en un proyecto agrícola en La Yarada, construyendo una cadena productiva de granada junto a pequeños agricultores. Esta experiencia me enseñó a valorar una historia que no aprendí en los libros del colegio, sino conversando con la gente en sus propias chacras.

Tras la Guerra del Pacífico, el Tratado de Ancón de 1883 dejó a Tacna y Arica bajo administración chilena por diez años. Un plebiscito debía decidir después a qué país iban a pertenecer, pero ese voto nunca se realizó. Lo que siguió fueron décadas de “chilenización”: se cerraron escuelas peruanas, se expulsó a maestros y sacerdotes, y las llamadas “Ligas Patrióticas” persiguieron a las familias para obligarlas a irse.

Tacna no se rindió. Defendió su identidad en silencio, casa por casa. Las mujeres lideraron esa resistencia sacando la bandera a las calles en lo que hoy conocemos como la Procesión de la Bandera. El 28 de agosto de 1929, tras casi medio siglo, la ciudad volvió a la patria. Fue un caso extraordinario: un territorio recuperado no por las armas, sino por la lealtad de su gente.

Sin embargo, esa lealtad histórica es un tesoro que la región todavía no logra transformar en verdadero desarrollo.

El mejor homenaje a esa generación heroica no está en los desfiles, sino en responder una pregunta clave: ¿qué Tacna queremos construir para los próximos cien años?

Para responder esa pregunta, debemos mirar la realidad sin filtro. Tacna es más rica, pero también más frágil de lo que parece. Sus cifras muestran un crecimiento liderado por la minería, pero es una riqueza a medias: el canon llena las arcas del Estado, pero genera muy poco empleo directo y casi no crea nuevas empresas. Es dinero que entra, pero que no germina.

En el campo, Tacna produce más del 80% de los olivos del país y lidera las exportaciones de aceituna y orégano. Ese liderazgo se basa en más de 15,000 familias de pequeños productores independientes, no de grandes empresas agrícolas como ocurre en Ica o La Libertad.

Por su posición geográfica, Tacna limita con Chile y Bolivia, y mira de cerca hacia Brasil. Tiene una zona franca (ZOFRATACNA) creada para atraer inversiones. Pero también enfrenta un lado oscuro: el contrabando mueve más de 300 millones de dólares al año en el sur, y gran parte entra por Puno y Tacna. Comercio ilegal y frontera informal: esa es la paradoja de una región con ubicación privilegiada pero atrapada.

Tacna puede convertirse en una de las regiones más dinámicas del país si aprovechamos la fuerza de sus pequeños agricultores y su posición fronteriza. Quizás mi perspectiva esté sesgada, pero estoy convencido de que se puede construir un modelo de desarrollo tacneño basado en cinco pilares:

1. Tecnología y unión en el campo

El problema del pequeño agricultor no es el tamaño de su tierra, sino que trabaja aislado. Sin unión es imposible juntar volumen, asegurar buena calidad o negociar mejores precios. Aquí entra la tecnología: hoy existen aplicaciones sencillas para celular que registran el riego, las plagas y la cosecha de cada terreno. Cuando muchos agricultores usan la misma herramienta digital, la inteligencia artificial puede avisar a tiempo sobre una plaga o indicar el momento exacto de riego.

A esto hay que sumarle una marca Tacna y una denominación de origen —un sello que diga al mundo que el producto es de Tacna, como el pisco lo dice del Perú—, estándares de calidad comunes y empresas ancla que organicen el acopio, el frío, el procesamiento y la venta. La granada ya está demostrando que una parcela pequeña, bien gestionada, produce fruta de calidad de exportación.

Pero nada de esto funciona sin lo más difícil de cambiar: la cultura. Coordinar exige respetar los acuerdos, y ahí está nuestra mayor deuda. Respetar, primero, un calendario común de actividades —siembra, riego, cosecha— para llegar juntos al mercado con el volumen y la calidad que se prometieron. Y respetar, sobre todo, la palabra dada. Hoy es común que el agricultor venda en la chacra al primer intermediario que le ofrece unos centavos más; con esa venta suelta rompe la cadena y deshace el volumen que el grupo había comprometido. Sin respeto por los convenios, la mejor tecnología y la mejor marca se vienen abajo. Por eso el cambio que Tacna necesita no es solo técnico: es cultural. Es coordinación, no consolidación.

2. Una Zona Franca que fabrique y procese

Hoy la ZOFRATACNA funciona en gran medida como un centro de depósitos y venta de productos importados, mientras que su capacidad industrial sigue rezagada. Necesitamos transformar este espacio en un verdadero motor agroindustrial con beneficios tributarios: instalando plantas procesadoras, empaquetadoras y de refinamiento para la aceituna, el orégano, la granada y la palta. La buena noticia es que ZOFRATACNA ya demostró que puede adaptarse: cuando advirtió que la fruta perecible no podía esperar a los horarios de oficina, habilitó el ingreso las 24 horas, porque la biología no descansa y cada hora de espera es merma. Ese es exactamente el espíritu que necesitamos. El reto ahora es repetir esa apertura con todo lo demás: revisar, uno por uno, qué otros procesos y trámites deben modernizarse para que Tacna se convierta en el emporio agroindustrial que queremos

3. Logística inteligente e infraestructura regional

Tacna no necesita gastar millones en construir un nuevo puerto. Tiene el puerto de Arica al lado y existen tratados para usarlo. La verdadera prioridad debe ser revitalizar y modernizar la infraestructura existente, comenzando por la repotenciación del ferrocarril Tacna-Arica, convirtiéndolo en un eje moderno para el transporte rápido de pasajeros y carga de alto valor. A medida que incrementemos la producción agrícola y conectemos el comercio que viene de Bolivia y Brasil hacia el Pacífico, el tráfico aumentará y los costos logísticos bajarán.

4. Agua y remediación ambiental con nueva tecnología

En La Yarada, el agua subterránea de la que vive el campo se está agotando y volviéndose salada, y la causa no es un misterio: cerca de 900 pozos ilegales extraen unos 150 millones de metros cúbicos al año, más de tres veces lo que ese acuífero alcanza a recargar. Muchos pequeños productores, héroes en la chacra, son también parte del problema; algunos se han resistido a formalizar sus pozos por miedo a que les limiten el agua. Ordenar y formalizar ese uso es tan urgente como buscar agua nueva.

¿Y de dónde vendrá esa agua nueva? Hace un tiempo yo mismo defendí traerla del altiplano, del río Desaguadero. Hoy, con el lago Titicaca en sus niveles más bajos, tengo que ser honesto: esa no es la salida. La respuesta es la desalinización: convertir agua de mar en agua para regar, como ya lo hacen Israel y el norte de Chile. Pero desalinizar es caro, y hoy el agricultor casi no paga por el agua. Dar ese paso exige un cambio de mentalidad: el agua deja de ser gratis e ilimitada.

Asimismo, debemos abordar los pasivos ambientales con una mirada técnica y constructiva. Los Humedales de Ite son un testimonio de la resiliencia de la naturaleza, que logró formar un verdadero refugio de biodiversidad sobre una zona castigada por relaves. Pero no debemos engañarnos: los esfuerzos de mitigación han cubierto el problema, no lo han eliminado; en el fondo del suelo marino aún quedan residuos tóxicos por procesar. La buena noticia es que hoy contamos con tecnologías avanzadas de saneamiento de suelos para sanear esos sedimentos profundos. Usar los fondos del canon y las Obras por Impuestos para culminar esa limpieza es una inversión indispensable para respaldar la calidad de todo lo que producimos. No se puede construir una Marca Tacna limpia sobre un suelo o un mar contaminados.

5. Oportunidades para los jóvenes

Tacna prepara profesionales que luego deben emigrar porque no encuentran trabajo: solo el 28% de los trabajadores tiene un empleo formal y uno de cada cuatro jóvenes no estudia ni trabaja. Con todos los recursos que recibe la región, perder a su gente joven es inaceptable. Los pilares anteriores buscan crear empleos formales y de calidad para que los jóvenes no tengan que irse.

La generación de 1929 no recuperó Tacna para que dependa únicamente de un mineral o del comercio de paso; la recuperó para que floreciera. Sembrar granadas en esta tierra me demostró que el potencial del campo tacneño es inmenso, pero hay que aceptar que la única manera de lograr ese potencial es cambiando el chip de sus protagonistas para trabajar con un mismo norte. A cien años de aquel retorno, el verdadero homenaje no se firma ni se desfila: se construye en la chacra, en las obras y en las urnas. No elijamos a quienes prometen repartir el dinero del canon, sino a quienes sepan cómo hacer que la región produzca. La noticia más importante de Tacna no debe ser su pasado, sino el futuro que seamos capaces de construir.

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Raúl Injoque

Raúl Injoque

Columnista

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Last modified: 27 de septiembre de 2026
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