Escrito por 19:57 Opinión

Caricatura de un debate electoral, por Alfredo Gildemeister

Cuando era niño, mi padre me acostumbró a llevarme a mítines políticos, principalmente del Apra, Acción Popular y del PPC. Los mítines de cierre de campaña eran multitudinarios, al menos los del Apra en 1980, 1985 y 2006. Y digo que eran literalmente multitudinarios porque asistían casi un millón de personas.

En el mitin de AP de 1980 sucedió lo mismo, hubo una gran multitud en general, por lo que estos mítines se hacían en lugares amplios como en el Paseo de los Héroes Navales, frente al Palacio de Justicia o del Sheraton; lo mismo en los mítines del Apra al lado del Sheraton o en la avenida Alfonso Ugarte frente a su local partidario “La casa del pueblo”.

El PPC o el Fredemo de Vargas Llosa no pasó de la plaza San Martin, ámbito bastante más reducido de los ya mencionados. En todo caso, los discursos de los dirigentes políticos eran brillantes, se podía ver y oír a grandes oradores como Haya de la Torre, Luis Alberto Sánchez, Alan García o Ramiro Prialé por mencionar algunos del Apra; Fernando Belaúnde Terry en AP o Luis Bedoya Reyes, Loayza Grundy o Ramírez del Villar en el PPC. Eran oradores de lujo. Estos mismos oradores exponían las propuestas de gobierno de su partido y debatían contra sus oponente días previos a las elecciones, ya sean generales o para alcaldías.

Cabe mencionar que se dieron debates famosos como el de Luis Bedoya Reyes con Héctor Cornejo Chavez, o el del Alan García con Alfonso Barrantes o el de Mario Vargas Llosa con Alberto Fujimori o Alan García con Alejandro Toledo, entre otros tantos debates relevantes.

De allí que, habiendo sido testigo de lo anteriormente descrito, permítanme calificar los tres días de “debates” ocurridos esta semana, organizados por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), como una burda caricatura de debate.

Lo que hemos podido apreciar esta semana —y continuaran viendo la próxima semana, si son masoquistas— es el resultado de lo que nuestra autoridad electoral ha hecho al permitir la participación de 36 candidatos pertenecientes a 36 pseudo partidos que mas que partidos —salvo de dos o tres honrosas excepciones— no son otra cosa que una mera agrupación de amiguetes con intereses y objetivos comunes, sin ideario ni programa ni doctrina alguna. Meros movimientos o agrupamientos circunstanciales de personas cuya solides como partido es muy frágil, porque una vez pasado el proceso electoral seremos todos testigos de un inmediato “reacomodo” por no decir, de un transfuguismo masivo de los miembros de estas agrupaciones, de acuerdo con sus intereses, debido a las nuevas circunstancias del resultado político electoral.

El debate —si se le puede llamar así a esta caricatura— es, repito, el resultado de lo que la autoridad electoral ha descaradamente permitido pues además del gran número de candidatos cuya calidad como personas en una gran mayoría deja mucho que desear, pues es de público conocimiento que hay toda una diversidad de candidatos con investigaciones penales pendientes, acusaciones y procesos, con prontuariado e incluso un candidato prófugo. A esto no debemos olvidar que un buen porcentaje de los partidos que se presentan, lograron su inscripción con firmas falsas y ¡la autoridad electoral lo permitió al no excluir a esas agrupaciones del proceso electoral! ¿Y así podemos esperar un proceso electoral limpio y transparente? Digo, pregunto.

De otro lado, el formato para estos “debates” —así entre comillas— es un completo desastre. ¿Qué propuesta seria puede una persona exponer en un minuto? Ninguna. Solo meras generalidades que obviamente la mayoría de los peruanos deseamos para nuestro país: luchar contra la corrupción, un país más seguro, que los extorsionadores desaparezcan, combatir la pobreza, mejorar el sistema educativo, el sistema de salud, etc.

De otro lado, ante la escasez de tiempo la mayoría opta por insultarse, sacarse los trapitos al aire, imitar al opositor y ¡hasta romper en pedazos la constitución! (¿Creerá en la democracia ese sujeto?) Pues ese es el fino ramillete de candidatos que la autoridad electoral ha permitido que se postulen a la presidencia de la República. Después no se quejen.

De allí que, en conclusión, estos espectáculos de tres días que hemos podido ver la semana pasada y los próximos tres días de shows que se nos vienen, no son debates. Son cualquier cosa menos debates o, en todo caso, meras caricaturas de debates ya que por el pésimo formato y, lo digo de paso, los pésimos moderadores escogidos, podemos afirmar que: casi no se escuchan propuestas pues no hay tiempo para ello; ante la falta de tiempo mas a cuenta resulta insultar o atacar al oponente; si eres gracioso u “original” en tu exposición, mejor; destacas sí dices una soberana estupidez o declaras algo que rebela tu ignorancia supina sobre un tema, etc.

Por todo ello es que estos “debates” en definitiva constituyen una burla del JNE a la sociedad civil, al haber permitido a estos pseudo partidos participar en el proceso electoral, haber permitido a un número sin fin de candidatos (36) y muchos cuestionados, y el haber permitido un formato de “debate” en donde al verlo, solo perderás tu tiempo —mejor mira una serie o una buena película en Netflix—. Cabe añadir que ante estos “debates” que no te dicen nada, los peruanos continuarán votando no por las propuestas y planes de gobierno de los candidatos -pues no conocen estos programas ni de lejos- como debería ser, sino por simple “percepción”, esto es, se elegirá al más simpático, al que habla mas bonito -por mas que no le entiendas nada-, al más guapo o guapa, al que te regale una gorra, un lapicero, un polo o dos tarros de leche Gloria y un kilo de arroz, etc. y tendremos mas de lo mismo. En definitiva, entre oír a Los Chistosos o ver estos debates, personalmente me quedo con Los Chistosos.

Visited 4 times, 1 visit(s) today
Etiquetas: , , , , Last modified: 28 de marzo de 2026
Close